Cuando las
circunstancias de la vida te llevan a abandonar el nido y mudarte a otra ciudad
o país la cosa se pone buena y es que ser foráneo esta “cool”, ya saben, vives
solo, tal vez con roomies buena onda, no tienes merodeando a tus papás todo el
tiempo cuidándote la hora de llegada, las visitas, las no llegadas. Los
domingos son para ver GoT, netflix o
dormir, sin necesidad de atender algún compromiso familiar y pues, puedes hacer
lo que quieras en cuanto a la limpieza de tu hogar porque no tienes a tu mamá
quedándose todo el día de porque no tendiste tu cama o lavaste los platos.
Ser foráneo
te da la oportunidad de conocer diferentes ciudades y cómo se vive en ellas y lo
mejor es que estas completamente abierto a descubrir una nueva ciudad porque no
tienes esos prejuicios locales como: “este lugar es naquÍsimo” , etc, etc… entonces
conoces 1000 gente y siempre están pasando cosas diferentes, raras y súper
divertidas.
… Sin
embargo, no todo es color de rosa (como todo en esta maldita vida).
Como foránea con amplia experiencia, puedo
asegurar que la mayor parte del tiempo me la paso increíblemente bien (lejos de
mi pueblo), pero hay veces que no puedo
evitar pensar ¿Qué carajos estoy
haciendo aquí?