He conocido a más de una mujer que parecieran tener una
segunda profesión: entrenar novios “perfectos”.
Por favor no me malentiendan con la palabra “entrenar”, por más
que algunos hombres puedan ser muy “perros” no me refiero a ese tipo de
entrenamiento; he notado como hay muchos hombres que
parecieran conocer todos
los secretos, tratan a sus novias como si tuvieran una maestría en el
entendimiento de la locura, cumplen protocolos que a todas encantan y se mueven
en la cama como si leyeran Cosmo, pero estos chicos no llegaron a ese punto por si solos, para llegar ahí tuvieron que haber pasado por una gran mujer, por una entrenadora de hombres.